Josefina Muñoz y Montessori Ventura, ambas mucho más bellas que como aparecen en el programa de "!Ay Amor, ya no me quieras tanto!" se lucen en esta grácil y ácida comedia sobre la dependencia de las mujeres respecto de unos hombres que no se las merecen.
Josefina Muñoz y Montessori Ventura son dos de esas actrices que no figuran por ahora ni en los programa de las grandes producciones teatrales ni en los casting de la naciente industria cinematográfica dominicana. Pero deberían estar.
Dos mujeres en escena son mucho más que dos mujeres en escena. Son millones de mujeres representadas en el drama del sometimiento y el utilitarismo masculino.
En este montaje "Ay amor, ya no me quieras tanto" (tomado de un popularísimo bolero) se refleja con gracias y dolor, el drama que viven las mujeres: amando a quienes no se merecen su amor, protegiendo a quienes se burlan de ellas, apoyando a quienes sólo les dispensan un cuestionable y circunstancial apoyo de "figura paterna" para sus hijos ó de amante casual, en otros casos.
Gabriela y Marlene se conocen esperando visitar a sus maridos en una cárcel. Y se dan cuenta de que el tipo es el mismo que ha vivido con ambas por separado.
Nos impresionó la interpretación de Josefina Muñoz, sobre todo por su capacidad de proyectar la voz, su dominio de la expresión fácil y su penetrabilidad en el hondón de las almas femeninas..y algunas masculinas. Es más que una mujer de buena estampa. Abogada en la vida real, esta actriz merecería ser descubierta por el cine dominicano naciente.
Montessori Ventura es excelente, vivaz e intensa, pero debe trabajar unas inflexiones en la voz que recuerdan a Moniná Sola, nuestra dama del teatro.
Las dos actrices, a pesar de algunas situaciones que se pudieron resolver mejor, logran esa mágica conexión con el público intimista y cercano con el que interactúan con gracia.
Es esta una comedia la mayor parte del tiempo agradable con un mal sabor por el argumento que expone y que denuncia con elegancia, sobre todo al final, cómo las mujeres son carta de un momento, en la vida de los hombres.
Se queda el convencimiento claro de que las relaciones hombre-mujer, están decididamente a favor del primero y que las segundas arrastran una dependencia que sólo en excepcionales oportunidades logran romper. Están ellas conscientes de que el tipo es un desgraciado, denconsiderado, infiel, mentiroso y manipulador que se ha burlado de ambas, y aun sí, en un principio, se solidarizan con él para pagar el rescate a un corrompido sistema de justicia que por 250 mil pesos le ahorraría cinco años de prisión al violador de una menor rica. El final, que no lo vamos a contar, lo reivindica todo. Un final sorpresivo y bien logrado por parte de Germana Quintana, a quien ha que acreditar un excelente momento proporcionado gracias que existe Las Máscaras, gracias a que existe el teatro.
Los hombres machistas no deberían ver esta pieza nunca. Sólo había dos entre el público.
El montaje sigue el próximo jueves, viernes y sábado, a las ocho y treinta y el domingo a las seis y treinta. Buen momento. Buen teatro.
¿No hace falta un buen mecenas?
El teatro Las Máscaras es un milagro del buen hacer. Estas mujeres,con Germana Quintana y Lidia Ariza a la cabeza, se propusieron crear un espacio para el teatro "boudeville", ese que siendo agradable y humorístico, también refleja los diversos ángulos y dramas de la vida real.
Hace falta que ese espacio tenga un mecenas, muchos mecenas.
Hacen falta patrocinadores del buen querer que permitan un programa cargado del apoyo empresarial. No es posible que no tengan anuncios y que su programa sea una página fotocopiada.
Hace falta que el público despierte a ese quehacer teatral y que llene cada uno de los 39 asientos.
Hay que repaldar Las Máscaras. |