Soledad y gracia desfilan en Nuyor/Islas
 
Por José Rafael Sosa
 

El lugar es el Teatro Las Máscaras y el acontecimiento escénico es el más simple de todos cuantos el teatro puede ofrecer: el monólogo.

Se habla de esa pieza fundamentada en el trabajo de un solo agente interpretativo, con la responsabilidad de mantener el interés, la atmósfera y, sobre todo, la conexión cómplice entre artista y público para viajar juntos a otras dimensiones.

Nuyor/Islas es un texto dramático, con pinceladas de humor negro, sarcasmos e ironías, que escribiera Chiqui Vicioso (anoche presente en la función montada en Las Máscaras) y que representa la veterana y dulce Lidia Ariza.

El acto teatral es único. Y si además se consagra en la intimidad de una salita con sus 41 butacas ocupadas totalmente, a lo que se añade que en una de ellas está la creadora del texto, el hecho penetra las fronteras del milagro.

Un trabajo que habla de la soledad que llega a cada quien con los años, cuando la única arma es el recuerdo y la única estrategia es procurar con quien comunicarse.

Un monólogo que denuncia el drama de vivir en una ciudad aglomerada, aplastante, multicultural y enloqueciente viajante de extremo a extremo: desde las aberraciones del consumo exibicionista en las grandes tiendas hasta la violencia que corta la vida a tiros en cualquier calle.

Una pieza que sobrecoge al público al cruzar por los pasajes que cuenta la anciana, ataviada de pasados y anecdotas propias para la risa o en llanto.

Este montaje forma parte de la temporada de monólogos que desarrolla cada jueves el proyecto Las Máscaras. Fue dirigido por Germana Quintana y tuvo el soporte silente de Aristóteles Santos, a quien ya deseamos ver luciendo ampliamente sus dotes. Lo hace bien, pero tiene que trascender la circunstancialidad escénica.